Una fortuna después, ¿cuánta paciencia puede pedir Tottenham?

Tras caer 3-1 ante Liverpool en la Carabao Cup y no sumar triunfos en sus primeros seis partidos, hinchas y prensa inglesa discuten si hay que sostener el proyecto o empezar a exigir resultados

6–9 minutos
Avatar de nazarodriguez

Nazareno Rodríguez

Roberto De Zerbi consideró que el resultado frente a Liverpool fue “injusto”. Créditos: GOAL

Seis partidos, un solo gol, ninguna victoria. El martes 15 de septiembre, bajo una lluvia que no dio tregua en Anfield, Tottenham volvió a quedarse con las manos vacías: cayó 3-1 ante Liverpool y quedó afuera de la Carabao Cup en la primera parada seria del camino. No hubo excusas nuevas, apenas la reedición de las viejas. Y sin embargo, entre los hinchas que llenan los grupos de WhatsApp y los que discuten en el Tottenham Hotspur Stadium cada sábado, la pregunta sigue sin cerrarse: ¿en qué momento la dulce espera se convierte en una amarga condena?

Anfield, la derrota que faltaba

Alexis Mac Allister abrió el marcador a los 21 minutos con un remate curvado desde el borde del área, después de que Destiny Udogie le regalara la pelota en un cruce mal calculado. El segundo tuvo nombre y apellido con gusto a ironía: Cody Gakpo, el mismo delantero que Tottenham persiguió buena parte del verano antes de que el pase se cayera, definió cruzado a los 54 para el 2-0. Conor Gallagher descontó de cabeza a los 69, tras un córner que el arquero georgiano Giorgi Mamardashvili no supo despejar, y esa pelota adentro sirvió, al menos, para cortar la sequía frente a rivales de Primera. La Premier League, en cambio, sigue esperando. Sobre el final, cuando Tottenham empujaba en busca del empate, Dominik Szoboszlai bajó del banco y definió de media volea desde 25 metros para sentenciar el 3-1.

De Zerbi, después, no escondió la bronca: «creo que fue injusto, pero tenemos que aceptarlo y ser más fuertes que este momento de mala suerte», dijo en conferencia. El entrenador sumó a Newcastle, a Everton y a Nottingham Forest en la misma lista de partidos que, según su lectura, mereció mejor suerte. Es una explicación posible. También es, después del sexto tropiezo consecutivo sin un triunfo, una explicación que empieza a sonar repetida.

La herida que el club se hizo solo

Hay una ausencia en ese partido que pesa más de lo que dice la planilla. Richarlison, goleador del equipo la temporada pasada con doce tantos en total, ni siquiera viajó a Liverpool. La historia empezó en pleno mercado de pases: el brasileño le comunicó a De Zerbi que quería irse, y durante semanas Tottenham intentó colocarlo en Everton, en el fútbol turco y, ya con la ventana casi cerrada, en Vasco da Gama, el club de sus amores de infancia. Ninguna de esas salidas se concretó; la última, con Vasco, se cayó el viernes 12 de septiembre por diferencias en las condiciones del préstamo. El resultado fue quedar afuera de la lista de 25 para la Premier League y, días después, también afuera de la convocatoria para la Carabao Cup, pese a un historial curioso: cuatro goles en siete presentaciones ante Liverpool, justo el rival contra el que Tottenham más necesitaba un delantero con puntería.

De Zerbi fue directo al hablar del tema: «el conflicto es entre el jugador y el club», sostuvo, dejando en claro de qué lado se para. Richarlison, por su parte, contestó en Instagram con una sola palabra —«¿Por qué?»— y un emoji de llanto, después de que se viralizara la confirmación de su exclusión. Es exactamente el tipo de ruido que nadie necesita cuando el equipo no encuentra el arco: una baja importante en lo futbolístico, convertida además en un conflicto público con la dirigencia y el entrenador, en medio de la sequía más larga que recuerda la era Premier League del club.

Richarlison ha considerado iniciar acciones legales y demandar a los Spurs para rescindir su contrato. Créditos: Catherine Ivill – AMA/Getty Images.

Dos lecturas que no se tocan

Ahí es donde el debate se parte en dos, y ninguna de las mitades escucha demasiado a la otra. Para una parte de la prensa y de la hinchada, lo que falta es tiempo: un plantel armado casi de cero, con jugadores que llegaron tarde por el Mundial y que todavía no encuentran el ritmo de competencia, necesita partidos para soldar automatismos que no se entrenan en un gimnasio. Bajo esa lectura, cada semana sin sumar duele, pero no sorprende, y el caso Richarlison solo confirma que perder a una pieza con peso propio en el vestuario, en medio de una reconstrucción tan grande, nunca ayuda.

La otra lectura es menos paciente. No hace falta decir que este fue el peor mercado de la historia para sostener que fue, lisa y llanamente, malo: Tottenham gastó más de 380 millones de libras en diez incorporaciones y hoy no gana ni convierte. El belga Steven Defour, extrapolante y analista para Sporza, fue todavía más filoso con el entrenador que con los fichajes: «la idea ya está desactualizada, todo el mundo vio el video», dijo sobre el mecanismo de salida desde el arquero que hizo famoso a De Zerbi en Brighton, y que los rivales de la Premier League aprendieron a neutralizar hace rato. Su colega en el panel, Filip Joost, fue más allá y apuntó directo al mercado: Tottenham pagó fortunas por jugadores que no habían logrado imponerse en Manchester City, sugirió, y llamó a esa apuesta una muestra de soberbia. La conclusión que empieza a instalarse en Europa, más allá de Inglaterra, es incómoda para Hotspur Way: quizás De Zerbi no sea, después de todo, el entrenador infalible que muchos imaginaron en marzo.

De Zerbi dijo que debe hallarse La Scintilla porque cree que hay calidad suficiente en los jugadores. Créditos: sitio web de Tottenham Hotspur

Lo que dicen los números

Y sin embargo, ninguna de las dos lecturas explica del todo lo que se ve en la cancha. Contra Nottingham Forest, Tottenham dobló el xG del rival —1,57 contra 0,65, según Opta— y no encontró el gol igual. Contra Everton perdió también esa pulseada, 1,12 a 0,57, pese a tener más pelota y más llegadas al área. El patrón se repite partido tras partido: el equipo entra en zona de definición, pero necesita un milagro para convertir. La razón no es un misterio para quien mira los once. Tottenham no tiene, hoy, un organizador de juego por el medio: Mateus Fernandes y Conor Gallagher se turnan en el rol de enganche sin ser, en rigor, enganches, Mohammed Kudus rinde mejor pegado a la banda que enfrentando la última línea de frente, y James Maddison, el único con ese perfil en el plantel, todavía reconstruye ritmo después de casi un año lesionado. Xavi Simons, que podría ocupar ese lugar, sigue afuera por la rotura de ligamentos.

Sin nadie que organice desde el medio, la producción ofensiva queda en manos de los carrileros: mucha gente corriendo por afuera, pocas superioridades reales generadas, y un equipo que ataca en cantidad de cuerpos sin encontrar, casi nunca, el pase que desnivela. Es un problema de estructura, no de mala suerte, y las estadísticas —tan generosas con el volumen de juego de Tottenham como avaras con su eficacia— lo confirman partido tras partido.

Mapa de calor que muestra qué zonas del campo son dominadas por el equipo en toques de balón; Tottenham representa lo morado, el rival el rosado. Créditos: Opta Analyst

Aston Villa, el próximo espejo

Ambos equipos se enfrentan este sábado desde las 8.30h (hora Argentina) en el Tottenham Hotspur Stadium, por la fecha 5 de la Premier League.

Este sábado, Tottenham recibe a un Aston Villa que atraviesa un arranque igual de incómodo, con el mismo objetivo compartido: romper de una vez la sequía. Es, otra vez, la clase de partido que puede inclinar la balanza de este texto hacia un lado o hacia el otro. Si aparece el primer triunfo, la lectura paciente gana terreno, y con razón. Si vuelve a faltar, la otra lectura —la que ya no quiere esperar más— va a tener, cada vez, menos que explicar y más que reclamar. La espera dulce sigue ahí, todavía no vencida. Pero cada fecha que pasa sin premio la acerca un poco más a la condena.

Deja una respuesta