De Zerbi cambió a Tottenham a fuerza de millones: así fue su mercado de fichajes

De Zerbi reforzó casi todas las líneas, incorporó a Savinho y Marmoush, goleó 5-1 a Charlton y cerró el mercado con dos refuerzos de urgencia mientras tres jugadores pidieron salir.

5–8 minutos
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Nazareno Rodríguez

El problema para los Spurs es que ganar se ha convertido en una misión muy complicada. Créditos: BEIN Sports.

El martes 1 de septiembre, mientras el reloj corría hacia el cierre del mercado, la cuenta oficial de Tottenham publicó la foto de rigor: Tosin Adarabioyo, sonriente, con la camiseta nueva puesta. A esa misma hora, el equipo estaba último en la tabla de la Premier League, sin un solo punto y sin un solo gol a favor después de dos fechas. Entre el arranque de la pretemporada y esa foto de último momento, Tottenham llevó adelante una reconstrucción que superó los £300 millones en fichajes, aunque las cifras se acercan a los £400 millones cuando se incorporan obligaciones de compra y variables futuras. La pregunta, entonces, no es cuánto gastó. Es qué consiguió construir con ese dinero.

El carrito que por una vez parecía bien armado

Hay que decirlo, porque no siempre se puede: hasta cierto punto, este mercado estuvo bien pensado. Sandro Tonali llegó desde Newcastle por unos £100 millones y se convirtió en el fichaje más caro de la historia del club. Mateus Fernandes se sumó desde West Ham por £85 millones. Jan Paul van Hecke, Andy Robertson, Marcos Senesi y Martin Dubravka completaron una renovación que atacó distintas zonas del plantel después de dos temporadas terminadas en el puesto 17.

Y después llegó lo que De Zerbi venía prometiendo desde julio. Savio, que en Manchester City era conocido como Savinho, llegó desde el campeón inglés por una operación que puede alcanzar los £85 millones. Dos días después apareció Omar Marmoush, también desde el City, mediante un préstamo con obligación de compra que puede llegar a £60 millones. El mercado había dejado de parecer una colección de parches. Tottenham estaba armando un plantel nuevo. El problema no fue gastar: fue que los primeros partidos demostraron que gastar no alcanza para formar un equipo.

Sávio celebrando su gol de debut ante Charlton. Créditos: The Times.

La bolsa que sí rindió, aunque nadie la estaba mirando

Cuatro días después del desastre inaugural, Tottenham goleó 5-1 a Charlton Athletic por la segunda ronda de la Carabao Cup. Ahí, por una vez, no hacía falta buscarle una explicación al fracaso. El equipo respondió. Savio ingresó desde el banco y necesitó apenas unos minutos para marcar y participar en el segundo gol. Fue exactamente el tipo de debut que De Zerbi necesitaba después de una derrota que había dejado demasiadas dudas.

La goleada no solucionó nada, pero sí mostró algo que después faltaría contra Newcastle: Tottenham podía jugar con fluidez cuando encontraba espacios y conseguía conectar a sus incorporaciones con los jugadores que ya estaban en el club. El problema era que Charlton no era Brentford. Tampoco era Newcastle. La verdadera prueba todavía estaba pendiente.

Doce minutos alcanzaron para desnudar el plan

Pero antes de Charlton estuvo Brentford, y ahí conviene detenerse. El sábado 22 de agosto, en el debut liguero, Tottenham cayó 3-0 en campo ajeno ante un rival que había gastado muchísimo menos durante el mercado. Keane Lewis-Potter abrió el marcador a los 12 minutos. Vitaly Janelt marcó el segundo a los 33 y Michael Kayode hizo el tercero apenas comenzado el complemento. Igor Thiago, además, falló un penal.

Archie Gray, con 19 años, llevó la cinta de capitán y se convirtió en el jugador más joven en hacerlo en un partido competitivo para Tottenham. La escena tenía otro denominador común: Thomas Frank, el entrenador que Tottenham había contratado desde Brentford en 2025 y despedido apenas ocho meses después. La derrota frente a su antiguo club no explica por sí sola el fracaso del proyecto, pero sí expuso una contradicción difícil de ignorar: Tottenham había cambiado de entrenador, había cambiado buena parte del plantel y había gastado una fortuna, pero seguía mostrando problemas que ya estaban ahí antes de la reconstrucción.

Cero puntos, cero goles, la misma pregunta

Si Brentford podía explicarse como un mal comienzo, Newcastle convirtió el resultado en una preocupación más profunda. El sábado 29 de agosto, en su propio estadio, Tottenham cayó 0-2 ante un Newcastle que también estrenaba entrenador. Anthony Elanga abrió el marcador a los 62 minutos y Yoane Wissa sentenció el partido diez minutos después. Tottenham volvió a quedarse sin marcar y cerró las dos primeras jornadas con cero puntos y cero goles, en el último lugar de la tabla.

La diferencia con el debut estuvo en que esta vez Tottenham había mostrado mejores momentos durante la primera parte. Tuvo ocasiones, manejó tramos del partido y parecía estar más cerca de encontrar una respuesta. No la encontró. Cuando Newcastle aceleró después del descanso, la estructura de De Zerbi volvió a quebrarse.

El propio entrenador lo reconoció después del partido. Su diagnóstico fue directo: la mentalidad no se puede comprar en el mercado. La frase resume buena parte del problema. Tottenham pudo comprar jugadores. Lo que todavía no pudo comprar es tiempo para que esos jugadores se conviertan en un equipo.

Y mientras el entrenador hablaba de construir conexiones entre sus futbolistas, aparecía otro problema dentro del vestuario. De Zerbi confirmó que Richarlison, Kevin Danso y Pape Matar Sarr habían pedido abandonar el club. Danso terminó saliendo rumbo a Sunderland, mientras Richarlison quedó fuera de la lista de la Premier League.

Sandro Tonali registró un 51% de precisión en los pases, y fue señalado como un responsable directo del primer gol de su ex-equipo. Créditos: Goal.com

El probador de la última hora

Y así se llegó al 1 de septiembre. Tottenham había perdido a Danso, no había conseguido cerrar las operaciones por Cody Gakpo ni por Iliman Ndiaye y necesitaba completar el plantel antes del cierre. La solución apareció en Chelsea: Tosin Adarabioyo llegó por unos £7 millones y Mykhailo Mudryk lo hizo a préstamo. Fueron las últimas dos piezas de una reconstrucción que había comenzado varios meses antes.

Mudryk, además, llegaba después de una suspensión por dopaje que había interrumpido su carrera. El préstamo incluía una opción de compra de £75 millones. Su llegada tenía una lógica futbolística evidente: De Zerbi ya lo había dirigido en Shakhtar Donetsk y conocía de primera mano el potencial del extremo ucraniano. También tenía algo de apuesta. Tottenham estaba recurriendo a un jugador que no disputaba un partido oficial desde 2024.

Adarabioyo, en cambio, era una operación mucho más sencilla. Llegó para cubrir el lugar que dejaba Danso y aportar experiencia en la Premier League. No era el fichaje que iba a cambiar el rumbo del proyecto. Era el fichaje que había que hacer porque el proyecto, a último momento, había perdido una pieza.

Los dueños del club, a través de ENIC, habían prometido acciones después de una temporada en la que Tottenham terminó nuevamente en el puesto 17. Las acciones llegaron. También llegaron diez incorporaciones y una inversión superior a los £300 millones.

Mudryk llega en calidad de cedido, mientras que Adarabioyo lo hace mediante un traspaso definitivo. Créditos: RRSS.

Lo que todavía no llegó es lo que Tottenham necesitaba comprar desde el principio: un equipo.

El mercado puede cambiar una plantilla en cuestión de semanas. No puede garantizar que esa plantilla funcione desde el primer partido. Tottenham tiene mejores nombres, más alternativas y una estructura completamente distinta a la de hace unos meses. Pero después de dos derrotas, cero goles y un último puesto, la pregunta dejó de ser cuánto gastó De Zerbi.

Ahora es cuánto tiempo tendrá para demostrar que todo ese dinero sirvió para algo.

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