Año nuevo y vicios viejos: ¿Hacia dónde navega el Tottenham de Frank?

7–10 minutos

El 2026 no comenzó con la promesa de una evolución, sino con el ruido ensordecedor de la indiferencia y el rechazo. Un empate sin goles ante Brentford en Año Nuevo ha dejado a Tottenham encastrado en la mediocridad de la mitad de tabla, mientras los abucheos dirigidos a Thomas Frank exponen una fractura evidente entre la grada y el banquillo. En medio de este estancamiento deportivo, la inminente venta de Brennan Johnson al Crystal Palace por 35 millones de libras enciende las alarmas sobre la planificación de la plantilla. ¿Es esta la «construcción a largo plazo» prometida o estamos ante el desmantelamiento silencioso de un proyecto que nunca terminó de arrancar?

Lo que el 2025 no se llevó

Según WhoScored, de 19 partidos disputados por la Premier League, Tottenham registra un promedio de 9.7 remates al arco por partido.

La imagen final en el Gtech Community Stadium, con Thomas Frank siendo silbado por su propia afición tras un empate 0-0 ante Brentford, es el síntoma febril de una enfermedad que el club arrastra desde hace semanas. El equipo deambula en una de sus típicas “crisis de identidad profunda”, incapaz de imponer condiciones incluso ante rivales de menor envergadura, registrando apenas un tiro al arco en una primera mitad soporífera.

La apatía ofensiva mostrada en el inicio del año no es un accidente, sino la confirmación de un patrón estructural alarmante; mientras el club se prepara para desprenderse de Brennan Johnson, un activo joven –casi sin participación en el más reciente tramo de la actual campaña– para reforzar las arcas con 35 millones de libras, la pregunta cae por su propio peso: ¿Existe una hoja de ruta deportiva real o las decisiones financieras están dictando la sentencia de muerte de la ambición futbolística?

Para entender este presente gris, es imperativo rebobinar hasta el inicio del mes festivo, donde comenzaron a gestarse los «falsos amaneceres» que confundieron a la opinión pública. El empate 2-2 en Newcastle fue vendido como un punto de oro, pero el análisis frío de los datos revela una realidad mucho más inquietante: Tottenham no registró ni un solo disparo a puerta en los primeros 45 minutos por cuarto partido consecutivo.

Un diciembre como cualquier otro para los Spurs

Aquella tarde en St. James’ Park no hubo funcionamiento colectivo, sino un caos táctico donde figuras como Mohammed Kudus quedaron aisladas, perdiendo el balón 16 veces al recibir de espaldas y sin socios. ¿Es este el «caos organizado» que predica Frank o simplemente anarquía pura maquillada por la fortuna?

Con 2 goles y 1 asistencia, el «Cuti» Romero es el tercer goleador del equipo en lo que respecta la actual temporada. Por encima de él se encuentran Micky van de Ven (3) y Richarlison (7).

La narrativa oficial intentó vender una recuperación con las victorias consecutivas en casa ante Brentford y Slavia Praga, sugiriendo que el equipo había encontrado «patrones de ataque coherentes» de la mano de un Xavi Simons reactivado y la precisión de Pedro Porro. Sin embargo, ¿cuánto de esa mejora fue real y cuánto fue producto de la debilidad de los rivales? La goleada 3-0 en Champions, aunque balsámica, mostró grietas que se prefirió ignorar, como la falta de «colmillo» para cerrar el partido antes y la dependencia de penales y autogoles para abultar el marcador.  Se celebró el regreso de la eficacia, pero se omitió preguntar si el sistema era lo suficientemente robusto para resistir cuando la exigencia subiera de nivel, o si simplemente se estaba aprovechando de oponentes que perdonaban en el intercambio de golpes.

La respuesta a esa interrogante llegó con la brutalidad de un golpe al mentón en el City Ground. La derrota 3-0 ante Nottingham Forest desnudó todas las carencias que las victorias previas habían ocultado bajo la alfombra. Frente a un equipo físico y directo como el de Sean Dyche, el «Frankball» se mostró «desalineado, superado en la lucha y superado en la táctica«, registrando nuevamente un solo tiro al arco en 90 minutos. 

¿De qué sirve elogiar la «forma física» de los atacantes en la previa si el plan de juego los deja inoperantes ante la primera presión real?

Los errores de Guglielmo Vicario en la salida y la fragilidad ante los centros cruzados expusieron que, lejos de haber girado la esquina, el equipo seguía caminando en círculos, incapaz de competir cuando el rival le niega los espacios y le plantea un duelo físico. Lejos de encontrar la calma, la crisis se profundizó con la visita del Liverpool, un partido que terminó de evidenciar la fragilidad mental del plantel. Si bien hubo un inicio prometedor, la expulsión de Xavi Simons y, posteriormente, la del capitán Cristian Romero, dinamitaron cualquier posibilidad de competir. 

La realidad detrás de los puntos perdidos

La disciplina se ha convertido en un lastre insostenible, con jugadores clave perdiendo la cabeza en momentos críticos. Mientras Frank defiende la «pasión» de sus dirigidos, la tabla de posiciones no entiende de justificaciones morales; el equipo se hunde en la irrelevancia, atrapado entre la falta de fútbol y el descontrol emocional, planteando la duda urgente: ¿Tiene el entrenador la autoridad necesaria para corregir el rumbo o el vestuario ha comenzado a devorarse a sí mismo?

«No tuvo la mejor de las reacciones»; así fue como calificaron algunos medios a la actitud de Djed Spence frente a Thomas Frank luego de ser sustituido.

La victoria por la mínima ante Crystal Palace sirvió como un torniquete de emergencia, pero difícilmente como una cura. Si bien el cabezazo de Archie Gray tras un córner aseguró tres puntos vitales y una portería a cero muy necesaria, el desarrollo del juego validó un estilo de supervivencia que renuncia al protagonismo. Tottenham fue dominado durante la primera mitad y dependió, por novena vez en la temporada, de la pelota parada para destrabar el marcador. ¿Es sostenible a largo plazo un modelo que requiere sufrir contra equipos de la zona baja para luego ganar de manera «sucia» y «arenosa»? 

La eficiencia en las áreas puede disfrazar la falta de fútbol por un tiempo, pero cuando el «ADN de Frank» se traduce únicamente en resistencia defensiva, la línea entre el pragmatismo inteligente y la pobreza futbolística se vuelve peligrosamente delgada.

OptaJoe anunció que Archie Gray se convirtió en el inglés más joven en marcar un gol en 
la Premier League para el Tottenham en casi diez años, desde Dele Alli.

¿Hay un camino? ¿hay una dirección?

Cualquier crédito ganado en Selhurst Park se evaporó instantáneamente en la apatía del Año Nuevo frente a Brentford. El empate 0-0 no fue solo un resultado aburrido, sino una condena estadística: con apenas un tiro al arco en el primer tiempo y nueve toques en el área rival, los Spurs confirmaron su estatus como «iniciadores notoriamente lentos«, incapaces de imponer condiciones. Los abucheos dirigidos a Frank al final del encuentro marcan un punto de no retorno; la afición ha perdido la paciencia con un estilo que no es «agradable a la vista» y que, sin resultados, deja al entrenador sin escudo. Si el equipo no ofrece optimismo ni siquiera ante un rival que viene de un verano de turbulencias, resta ver qué argumentos quedan para sostener que el 2026 será diferente.

El estancamiento colectivo ha comenzado a infectar el desarrollo individual, convirtiendo promesas en dudas. Archie Gray, respaldado públicamente por el técnico como el futuro del mediocampo, lució sin ideas y errático en la posesión ante Brentford, registrando la menor cantidad de toques de cualquier jugador de campo titular. A su vez, el regreso de Cristian Romero tras su suspensión no trajo seguridad, sino más de lo mismo: una actuación temblorosa, cargada de faltas y suerte para evitar sanciones mayores. Cuando la capitanía parece una decisión nacida de la necesidad más que del liderazgo, la estructura interna del equipo se siente tan frágil como su juego.

La incertidumbre se intensifica con la gestión de la plantilla, lo que aviva la repercusión entre los hinchas. La inminente transferencia de Brennan Johnson al Crystal Palace, sumada a la escasa claridad ofrecida por Frank sobre las recuperaciones de jugadores clave como Dejan Kulusevski y Dominic Solanke, vuelve a exponer las carencias de un equipo que atraviesa una severa crisis de creatividad. Mientras el club parece priorizar el balance contable, el equipo en la cancha carece de las herramientas para salir de la mediocridad. Esta decisión de mercado sugiere una falta de ambición alarmante o, peor aún, una resignación anticipada a que esta temporada sea de transición hacia la nada, desmantelando el ataque mientras se busca una identidad que nunca llega.

La inevitable comparación con la temporada anterior arroja una sombra alargada y fría sobre el presente. Hace una temporada, el terminar decimoséptimos en la Premier League fue un trago amargo que se endulzó con la gloria eterna de levantar la Europa League; había un caos, sí, pero con un propósito y un final feliz. Hoy, Tottenham navega en una zona similar de la tabla —flotando en la irrelevancia de la mitad de clasificación—, pero despojado de esa mística copera y de la promesa de plata. Sin un trofeo en el horizonte que justifique el sufrimiento semanal y con un juego que involuciona partido a partido, la realidad actual es mucho más cruda: el equipo se ha estancado en la mediocridad sin ofrecer indicios de que esta historia, a diferencia de la anterior, tenga algún tipo de redención.

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