La sufrida victoria ante Villarreal funcionó como el perfecto microcosmos del «Frank-Ball«: un estilo eficaz pero que coquetea con la especulación. Micky van de Ven admitió que «no jugaron bien», pero Lucas Bergvall reveló la nueva doctrina interna al destacar la «mentalidad de valla invicta«. Mientras Xavi Simons elogiaba el «gran impacto» del técnico en el vestuario, Frank trabajaba en refinar la energía de Bergvall y gestionaba las bajas de Maddison y Kulusevski. Con ese bagaje, el equipo ponía la mira en el Amex Stadium, un territorio históricamente adverso.
Una reacción agridulce y otra muestra de resiliencia
El viaje a la costa sur, sin embargo, se transformó rápidamente en una pesadilla. Aquella solidez defensiva que había sido el estandarte del equipo se desvaneció en una primera media hora alarmantemente frágil. Dos goles en contra, producto de contraataques letales de Yankuba Minteh y Yasin Ayari, expusieron las carencias de un equipo extrañamente desordenado. El segundo tanto, un latigazo lejano, dejó a Guglielmo Vicario en el centro del debate y al pragmatismo de Frank en jaque, demostrando que la nueva identidad aún estaba en una fase de construcción muy vulnerable.

Cuando el guion del partido parecía encaminado a una catástrofe, Richarlison apareció para cambiar la dinámica con un gol agónico al borde del descanso. Su tanto, tan fortuito como necesario, funcionó como un salvavidas anímico para un equipo que había sido superado y se mostraba perdido. La remontada era una posibilidad lejana, pero el descuento del brasileño al menos reescribía el epílogo de una primera mitad preocupante. El interrogante para el complemento era claro: ¿fue un simple espejismo o el primer síntoma de una nueva resiliencia?
El resto del partido fue un monólogo de la visita, que concluyó con un agónico empate a dos goles tras un tanto en contra de Van Hecke y que dejó una sensación agridulce. Medios ingleses, como el Evening Standard, destacaron la ruptura de la calma: «Gran parte de la gestión de Thomas Frank ha transcurrido hasta ahora de forma tranquila y sin incidentes. Sin embargo, este no fue el caso ante el Brighton«. La actuación en el Amex Stadium, sobre todo en la primera mitad, tuvo similitudes preocupantes con la caída ante Bournemouth, exponiendo falencias que deben trabajarse para que no vuelvan a costar puntos.

Sin embargo, había que rescatar una virtud que parecía extinta en temporadas anteriores: el equipo mostró una resiliencia y una capacidad de reacción impensables. El propio Frank, en una declaración sorprendente, calificó la actuación como «quizás la más completa de la temporada» debido a la «mentalidad para remontar un 2-0». Muchos hinchas, acostumbrados a que el equipo se desmoronara en escenarios adversos, reaccionaron con un cauto optimismo. Si bien no era una victoria, Tottenham volvía de la costa sur sumando una unidad —algo que no hacía desde 2022— y se posicionaba segundo en una tabla todavía insignificante, pero que servía como envión anímico.
El dilema de la profundidad
Es lógico que el proyecto de Frank necesite tiempo; es imposible readaptar en tres meses un plantel acostumbrado a un fútbol tan proactivo y riesgoso. Sin embargo, las críticas hacia el danés apuntan a la repetición de ciertos patrones en el corto plazo. La derrota ante el Bournemouth de Andoni Iraola fue, en gran medida, un jaque mate táctico desde el primer minuto. Aquel partido sirvió como un indicador de las debilidades del equipo en un panorama que, hasta ese momento, parecía demasiado perfecto. El problema es que en el Amex Stadium, los errores defensivos volvieron a aparecer con una gravedad similar.
La principal preocupación reside en la gestión de la profundidad del plantel y la rotación. Es cierto que las variantes ahora son múltiples, pero la cantidad no siempre garantiza la calidad específica para cada partido. La vulnerabilidad defensiva en Brighton, con un Micky van de Ven expuesto al dejar espacios a su espalda, y la ineficacia de Wilson Odobert como titular, son ejemplos de cómo la elección de las piezas correctas sigue siendo un desafío. La eficiencia y la calidad en los detalles más pequeños, sobre todo a la hora de rotar, es la gran cuenta pendiente.

Mohammed Kudus ha completado 19 regates con Tottenham esta temporada, más que cualquier otro en la Premier League.
A pesar de las dudas colectivas, es imposible no destacar actuaciones individuales que se consolidan como el pilar del equipo. João Palhinha sigue demostrando por qué su fichaje fue una prioridad, liderando la Premier League en tackles realizados; de sus 19 quites en la campaña, siete fueron frente a Brighton. Su despliegue y capacidad para recuperar y distribuir el balón provocan que la vieja premisa de «nunca te encariñes de un jugador a préstamo» se desbarate partido a partido, a tal punto de volverse, en su caso, completamente obsoleta.
Mohammed Kudus se está consolidando como el jugador más desequilibrante del plantel, un perfil al que el equipo no estaba acostumbrado. Su capacidad para ser una amenaza constante en el uno contra uno quedó demostrada en Brighton, donde fue calificado por la prensa con un 8/10 y fue el futbolista más directo del equipo. Sin embargo, su toma de decisiones en el último tercio aún es endeble, un detalle no menor que deberá pulir para convertirse en la figura de élite que promete ser. Su gambeta causa estragos, pero el producto final de sus jugadas sigue siendo una cuenta pendiente.
La gran revelación de la semana fue, sin dudas, el «cameo» de Xavi Simons en el rol de número 10 contra Brighton. Tras dos actuaciones opacas como extremo, su ingreso en el centro del campo transformó al equipo: exigió al arquero Bart Verbruggen con un remate peligroso, filtró pases de lujo y condujo al equipo en la búsqueda del empate. En apenas diez minutos, el neerlandés ofreció más que en los dos partidos anteriores juntos, dejando en evidencia que su potencial se explota plenamente cuando juega con libertad por el carril central, precisamente donde los Spurs más lo necesitan.
Momentáneamente, hay un veredicto

El buen rendimiento de Simons como enganche, sin embargo, agudiza el problema de la banda izquierda. Thomas Frank ha rotado a Brennan Johnson, Mathys Tel y al propio Simons en esa posición, pero el último en ser puesto a prueba fue Wilson Odobert, y no logró convencer. Tuvo en sus pies una de las ocasiones más claras de la primera mitad ante Brighton, pero su remate, desmedido, se fue muy desviado. Salvo un centro raso que casi conecta Bergvall, sus intervenciones escasearon, confirmando la sensación de que el equipo aún no ha encontrado un intérprete consistente para ese sector del ataque.
Afortunadamente, la profundidad del plantel permitió una rotación exitosa en el debut por la Carabao Cup. En una convincente y tranquila victoria por 3-0 ante el Doncaster Rovers, Frank pudo darle descanso a varias figuras y probar variantes. La noche dejó postales más que positivas: un João Palhinha jugando de central y marcando un gol de chilena, y un Archie Gray que demostró con una actuación dominante en el mediocampo que merece más minutos. El triunfo, en definitiva, fue la prueba de que, a pesar de las lesiones y las piezas aún en ajuste, el equipo tiene las herramientas para cumplir con la promesa de competir en todos los frentes.
Sin embargo, esta victoria ante un rival menor no borra el principal interrogante táctico que dejó la semana: la inconsistencia en la banda izquierda. La ineficacia de Wilson Odobert y Mathys Tel en los partidos de Premier League ha dejado en evidencia la ausencia de un jugador diferencial en esa zona del campo. Frank ha probado con múltiples variantes, pero aún no encuentra un intérprete que ofrezca garantías. El buen rendimiento de Brennan Johnson en la derecha contra Doncaster abre un nuevo debate: ¿es su reconversión a delantero centro, como sugieren algunos analistas, la solución para optimizar el ataque y resolver el dilema del extremo izquierdo?
En definitiva, la crítica simplista que tilda a Frank de «entrenador de mitad de tabla» ignora la complejidad de su tarea. En apenas unas semanas, ha tomado un equipo anárquico y le ha inyectado una solidez defensiva y una resiliencia competitiva que parecían olvidadas. El balance es innegable: 10 puntos de 15 en Premier, un debut victorioso en Champions y la clasificación en la copa local. El equipo de Frank, con sus falencias y virtudes, avanza. El desafío, ahora que el calendario se aprieta con Wolves y Bodo/Glimt en el horizonte, será demostrar si este nuevo pragmatismo es la base de un proyecto sostenible o simplemente el prólogo de otra temporada de transición.

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