Un pantallazo general

Un mercado de pases se parece mucho a una partida de póker de altas apuestas: se juega con cartas ocultas, miradas de acero y una tensión que solo se resuelve en la última mano. El verano de 2025 sentó a Tottenham en una mesa particularmente compleja, con un Daniel Levy acostumbrado a jugar sus fichas con parsimonia y un nuevo integrante, Thomas Frank, que necesitaba una mano ganadora desde el arranque. Entre faroles que no prosperaron —como la interminable saga por Morgan Gibbs-White— y rivales que mostraron mejores cartas en el momento justo, el club tuvo que recalcular sobre la marcha. Fue una ventana de transferencias donde la frustración de una mala jugada dio paso al oportunismo tardío, recordando que en el fútbol, como en el póker, las victorias suelen escribirse en los últimos segundos.
La primera tirada y las primeras cartas

La destitución de Ange Postecoglou no cambió la percepción general del hincha: al plantel le faltaba jerarquía y profundidad. La ausencia en competiciones europeas durante la temporada 2023/24 había costado cerca de 60 millones de libras esterlinas, y aunque la clasificación a la Champions League 25/26 trajo oxígeno, la estructura financiera seguía siendo delicada, aunque no lo suficiente como para utilizarlo como excusa: se necesitaba inversión. A este panorama se sumarían las lesiones de James Maddison y Dejan Kulusevski, que acentuaron esta falta de fondo de armario, y la inminente salida de Heung-min Son, que abriría un vacío simbólico imposible de cuantificar. Con las salidas de Fraser Forster, Alfie Whiteman y Sergio Reguilón al finalizar sus contratos, y las cesiones iniciales de Alejo Véliz, Alfie Dorrington y Ashley Phillips, el club oficializó los traspasos permanentes de Mathys Tel y Kevin Danso. El francés, con apenas 3 goles en 20 partidos, enfrentaba el desafío de llenar un hueco enorme, mientras que Danso, con su perfil proactivo, se presentaba como una pieza más afín al ideario de Frank. Kota Takai se sumaría a los ya mencionados jugadores como nuevo refuerzo, procedente de Kawasaki Frontale.

Para empezar a construir, la directiva hizo dos apuestas sobre seguro. Mohammed Kudus llegó tras una temporada sobresaliente en West Ham, donde completó 92 regates en Premier –solo por detrás de Jeremy Doku, jugador de Manchester City–, aportando un perfil de desequilibrio individual que escaseaba en la plantilla. Su firma no solo reforzó el ataque, sino que significó arrebatarle una figura explosiva a un rival directo. Joao Palhinha, en tanto, arribó cedido desde Bayern Múnich para ser el «ancla» del mediocampo; su liderazgo en más tackles en la Premier 2023/24 (152) prometía liberar a Bentancur y Sarr de roles de contención forzados. Su poca continuidad en Alemania fue la puerta de entrada para un Tottenham que, con estos dos movimientos, ganaba equilibrio y talento en zonas críticas.
Dos relatos extraordinarios
Quizá fue la saga más inimaginable de la ventana. Apenas horas después de cerrar a Kudus, Tottenham activó la cláusula de 60 millones de libras por Morgan Gibbs-White. Impensado, ilógico y demasiado bueno para ser verdad. Sin embargo, la negociación por los términos personales se estancó, Nottingham Forest amenazó con acciones legales y, semanas después, anunció la renovación de un jugador que parecía tener todo cerrado con los Spurs. La novela por Eberechi Eze fue una repetición del mismo patrón: un interés de larga data que, por la lentitud en las negociaciones, terminó con Arsenal llevándose al jugador en menos de un día. Con Savinho, directamente, Manchester City cerró la puerta. La secuencia era conocida: pujas altas, cierres frustrados y la sensación de haber perdido una mano ganadora por dudar en el momento clave.
Deadline Day: Todo o nada
Con la presión al máximo y el tiempo en contra, la directiva hizo un «all-in«. Sobre la bocina llegaron Xavi Simons desde RB Leipzig y Randal Kolo Muani, procedente de PSG. El fichaje de Simons, cerrado en una negociación relámpago de 48 horas por una cifra cercana a los sesenta millones de euros según Fabrizio Romano, fue una declaración de intenciones y una victoria sobre Chelsea en la puja final. La llegada de Kolo Muani en calidad de cesión, en cambio, fue un movimiento más pragmático, pensado para dar una respuesta rápida a las carencias ofensivas sin una obligación de compra. Se puede discutir la calidad de los refuerzos, pero no la forma: la directiva reaccionó tarde, y el cierre del mercado fue un reflejo del legado Levy, con el fallido pase de Yves Bissouma a Turquía como ejemplo del bloqueo interno que tantas veces complicó al club.

Simbología hacia el futuro y la estabilidad

Paralelamente a la partida principal, se jugaban otras manos. La más emotiva fue el adiós de Heung-min Son. The Telegraph lo definió con precisión: «la última leyenda contemporánea del Tottenham«. Su venta a Los Ángeles FC alivió un balance, pero dejó huérfana a la camiseta 7 y un vacío de liderazgo que no se compra en el mercado. En otra mesa, la cantera, los juveniles Mikey Moore, Tyrese Hall, Will Lankshear, Alfie Devine y Jamie Donley fueron cedidos a Rangers, Notts County, Oxford United, Preston North End y Stoke City, respectivamente. La cantera del club, históricamente una fuente de orgullo, parecía que estaba siendo utilizada más para intercambio que como inversión a un futuro que, según The Athletic, «corre el riesgo de convertir promesas en activos nómadas«. Y en un movimiento para calmar las aguas internas, el club buscó enviar un mensaje de estabilidad: si no se lograba reforzar lo suficiente hacia afuera, al menos se blindaba hacia adentro, con las renovaciones de Cristian Romero y Djed Spence hasta 2029.

Algunas conclusiones
Aunque terminó reforzándose, en Tottenham las dudas continuaron acechando al hincha, sobre todo después de lo sucedido con Gibbs-White y con Eze. La ineficacia en las negociaciones terminó costando caro, y pudo haber sido mucho peor si la llegada de Xavi Simons no hubiese sido contemplada. El club buscó armar un plantel lo suficientemente amplio como para resistir a tres competencias hasta enero –Premier League, Carabao Cup y Champions League–, y si bien hubo posiciones que quedaron al límite, solamente el hincha puede entender que tras el final del mercado, la sola idea de que haya fondo de armario en un equipo que no está acostumbrado a tenerlo se siente casi como un milagro.










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